CAOS Y PAZ

 


CAOS Y PAZ

 

       Nuestro mundo transita por un caos que parece natural. Y no es así. Ese caos, esa turbulencia la producimos día a día los seres humanos. Sólo nosotros. Y he aquí a la Tierra, nuestro bello y único hogar, que nos mira atónita, asombrada. ¿Qué les sucede? ¿No entienden el mal que me están haciendo? ¿Qué se están haciendo? Parece que los humanos no entienden de empatía, dice la Tierra. Si supieran que se están autodestruyendo. Yo les he ofrecido todo. Ahora son ellos los que deben actuar. Pero el egoísmo reina mi cielo. Sólo súplicas. Lamento decirles que ya es tarde. El abismo nos alcanzará. Y digo “nos alcanzará” porque en esa destrucción no están involucrados sólo ellos, yo también desapareceré, y lo haré por sus culpas, por sus egoísmos baratos. Y lo estamos haciendo a pasos agigantados. ¿Cómo les hago entender que ellos son el ojo del huracán y que poco a poco nos está atravesando y nos devorará? Tú, sí, tú, poeta o lector, que escribes o lees, ¿Te parece que podríamos regresar el tiempo? Piénsalo, te lo dejo como tarea. Ya me dirás tu opinión. Pero sigamos filosofando. Increíble, ahora suplican por la paz. Tres palabras que nos definen, caos, abismo y paz. Sí. Ante tanto caos, tanto dolor, sabemos que vamos hacia el abismo. Entonces queremos la paz. Tan necesaria en nuestras vidas, en nuestras mentes (tan dementes). Y aquí aparece esa vuelta al yo, como una especie de grito de guerra en la batalla. Siempre buscando un refugio los seres humanos. Siempre suplicando. Somos una feria de vanidades. ¿Sabemos mirarnos? Somos finitos, somos transitorios. Estamos condenados. Somos seres extraños llamando a la puerta. ¿Alguien nos atenderá? Y aunque practicamos, día a día, una destrucción creativa, queremos la paz. ¿Qué extraño, no? Caos y paz. El caos ya lo conocemos de sobra, como dicen algunos. Hablemos de la paz (que tanto suplican los humanos). La paz, desde la psicología, como un estado del alma, al que todos queremos acceder. Y eso clamamos hoy. Nuestra paz interior, primero. Luego, la paz para el mundo (¿Yo, planeta Tierra? ¿Para mí? Ay, qué generosos estamos). Tendríamos que practicar un poco más el diálogo. Pero hay mucha negativa hacia esta cuestión. No todos, por supuesto. La humanidad está en crisis. Y la mejor manera de salir de ella es la solidaridad hacia el otro, pero el silencio nos invade. ¡A ver poetas del mundo! Tenemos el poder de la palabra en nuestras plumas, llevemos la dialéctica de la poesía a todos. De esta manera, podemos llevar la paz tan ansiada y anhelada a través de bellos versos, seamos sensibles ante el grito de otras personas. No perdamos el sentido de la responsabilidad. Dejemos de vivir en pompas de jabón. Se han preguntado ¿cuántos corazones han llorado por la paz hoy en nuestro mundo? Probemos a escribir poesía por la paz. Somos un poquito más de 7.000 millones de sapiens. Bendita paz. Camino complejo y profundo que nos demanda una energía extra. Es un cambio que vale la pena. Serenidad para esta humanidad agazapada a la vuelta de la esquina. Dejemos fluir nuestra conciencia, todo es líquido, todo cambia. Nosotros también. Miremos nuestra agenda, ¿qué hacemos hoy por la paz mundial? Aportemos nuestro granito de arena, poetas. Mientras escucharé música andina, El cóndor pasa de Leo Rojas, artista musical de flauta de pan, de origen ecuatoriano. Se los recomiendo para sobrevivir a este aluvión de algoritmos. Tu ángel guardián.

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